Nos quedamos hablando hasta las tantas, de todo y de nada, intentando no reírnos de forma escandalosa, repitiendo una y otra vez la misma frase por hablar demasiado bajito.
Las horas pasan y nunca es suficiente. No queremos dormirnos, pero nuestras voces se van apagando lentamente.
En algún momento nos callamos y quedo tumbada respetando tu hueco. Porque estás aquí aunque no esté tu cuerpo.
A la mañana siguiente nunca sabemos cómo nos dormimos ni quién cortó la llamada.
En algún momento nos callamos y quedo tumbada respetando tu hueco. Porque estás aquí aunque no esté tu cuerpo.
A la mañana siguiente nunca sabemos cómo nos dormimos ni quién cortó la llamada.
Son noches mágicas.
¡Rawr!


